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Miedos e Indignación de un Padre

por Juan Torres

MIEDOS E INDIGNACIÓN DE UN PADRE Como a la mayoría de los padres y madres, si me preguntaran cuál es la máxima preocupación de mi vida respondería sin dudarlo que el bienestar y la seguridad de mis hijas. Me preocupan su salud y su bienestar físico y mental, y por eso defiendo el mantenimiento de una buena sanidad pública. Me preocupa su bienestar social para que tengan un futuro digno, y por eso defiendo frente a los recortes y privatizaciones la existencia de una buena educación pública. No le doy demasiadas vueltas a la cabeza pensando en lo que serán profesionalmente el día de mañana; simplemente en los tiempos en los que vivimos quiero ante todo que tengan una vida digna y, como aspiraron mis padres con mis hermanos y conmigo, deseo que sean unas buenas personas, solidarias con sus semejantes y, sobre todo, felices. Pero como a todos los padres me obsesiona su seguridad física, me aterroriza que les pueda pasar algo o que caigan en manos de cualquier desaprensivo. Las informaciones en los medios de comunicación sobre sucesos y delitos contribuyen a acrecentar mis miedos, hasta el punto de identificarme con las víctimas de los delitos y conflictos. Una enorme tristeza se apodera de mí cuando veo documentales o películas sobre algunos hechos históricos en los que familias enteras son masacradas o exterminadas, y me hacen pensar en cómo actuaría yo en esa situación, y si podría resistir la pérdida de mis seres queridos. Precisamente ahora mis miedos se convierten en indignación al ver los cientos de niños muertos y los miles de heridos, algunos discapacitados para siempre, en la franja palestina de Gaza. Indignación por el bombardeo de las escuelas de la ONU donde se refugiaron buscando seguridad las familias que huían de la guerra, o por los hospitales destruidos por las bombas. Pero sobre todo indignación por la pasividad internacional, no puedo entender el silencio de ayuntamientos como el de mi ciudad ante el asesinato de niños y niñas inocentes, y entiendo menos este silencio cuando mi ciudad tiene la calificación de ciudad amiga de la infancia. MALDITAS SEAN LAS GUERRAS Y LOS CANALLAS QUE LAS HACEN

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